La calidad de la carne de pollo, cerdo y pescado, así como de los huevos producidos en Costa Rica, está estrechamente ligada a un insumo clave: la soja. Actualmente, el 93% de este grano que importa el país proviene de Estados Unidos, donde se cultiva bajo prácticas agrícolas sustentables, según datos del Observatorio de la Complejidad Económica (OEC).
Solo en 2023, Costa Rica importó $179 millones en soja, de los cuales $167 millones provinieron de Estados Unidos. La mayor parte de este grano se utiliza para producir alimento balanceado para pollos, gallinas ponedoras, cerdos y tilapia, lo que lo convierte en un insumo definitorio para sectores como el avícola, porcino y acuícola.
Las cifras de consumo refuerzan la importancia del producto en el país. Para 2024, la Cámara Nacional de Avicultores reportó un consumo per cápita de 32 kilos de pollo al año y entre 280 y 291 huevos por persona. En carne de cerdo, el promedio anual ronda los 18 kilos, con un incremento en diciembre por la elaboración de tamales.
Además de su peso económico, la soja también incide en la calidad nutricional de los alimentos que llegan al consumidor. Su aporte proteico y perfil nutricional contribuyen al desarrollo de animales más sanos y productos finales con mayor valor nutricional.
“La soja contiene entre un 35% y un 40% de proteínas y aporta los nueve aminoácidos esenciales necesarios para el crecimiento y la reparación de los tejidos. Además, incluye ácidos grasos insaturados como Omega 3 y Omega 6, vitaminas del complejo B y minerales como hierro, calcio, fósforo, magnesio, potasio y zinc”, explica Luis Bustamante, líder de mercado de Luis Bustamante en Sudamérica, Sudamérica. (USSEC). «Estos elementos son esenciales para una dieta equilibrada, tanto en humanos como en animales», añadió.
En Costa Rica, tres empresas cuentan con la certificación Soja Sostenible de Estados Unidos: Inolasa, Grupo ACI Aquafoods y Zeledón Maffio. En América Latina ya son 49 empresas operando bajo este estándar, apoyando prácticas agrícolas responsables y procesos de trazabilidad.
Según la USSEC, el modelo sostenible de producción de soja de Estados Unidos se basa en un enfoque que busca proteger los recursos naturales, fortalecer las economías locales y contribuir a la alimentación de la población. Este esquema está alineado con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la Agenda 2030 de Naciones Unidas.







